El alimento como medicina del alma

Hace algunos días, sin razón aparente, caí en un estado depresivo del cual no podía salir. Parecía que todos mis esfuerzos por estar bien mental y emocionalmente eran en vano. Mis defensas comenzaron a debilitarse, de repente no podía atender mis responsabilidades diarias y parecía que una enorme nube gris se había instalado justo arriba de mi cabeza, enviándome todo el tiempo pensamientos de muy baja vibración.

Al ver que ninguna las herramientas o recursos que había aprendido durante los últimos años me funcionaba para salir de este estado, me vi frente a un gran reto, una lección de vida que debía cursar en ese momento: Aprender a pedir ayuda cuando la necesitas. Ese era mi gran desafío.

Haciendo acopio de mis ultimas energías, les escribí a cuanto amigo o amiga que sabía que podía ayudarme de alguna manera. Fue entonces cuando de repente me encontré escuchando indicaciones acerca de cómo tomar Mielmancia. Esto te va a hacer de mucha ayuda, tómala en la mañana, en ayunas, fueron las recomendaciones que escuche.

Aun bastante escéptica de los resultados, pero deseosa de salir del estado emocional en el que me encontraba, decidí seguir las indicaciones, rogando al gran espíritu que manifestara su sanación en dicho alimento, así que lo consumí un lunes por la mañana en ayunas.

Al pasar de los días, esa gran nube gris comenzó a disolverse, el poder sentir el alimento en mis papilas gustativas y digerir la dulzura de esta mezcla, me hizo recordar la ternura y el cariño de mi madre, sus abrazos maternales. La combinación de semillas específicas y miel me ayudaron a generar una mayor cantidad de endorfinas y también a mejorar mi digestión. Observando detenidamente mi comportamiento durante estos días, y siguiendo al pie de la letra las indicaciones, pude observar cómo retomaba el timón de mi vida y poco a poco podía dirigir nuevamente las velas.

He ahí la culminación de los aprendizajes de esta semana: Es total y completamente valido pedir ayuda a tus semejantes, seguramente siempre habrá una mano amiga y otra gran lección es que mayormente el alimento es la mejor medicina, sobre todo aquel alimento-medicina que es hecho y compartido con amor.


Más información sobre Mielmancia en: www.mielmancia.com

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